La historia desconocida de la construcción de guitarras en Alemania
¿Nació el archtop jazz en Europa?
En el mundo de las guitarras, la narrativa dominante ha atribuido durante décadas la invención del archtop —el icónico cuerpo arqueado de las guitarras jazz— a Gibson en Estados Unidos. Sin embargo, un reciente libro y las investigaciones de coleccionistas e historiadores están replanteando esa historia, destacando el rico y a menudo olvidado legado de los luthiers alemanes.
Según Cameron Brown, coautor junto a Stefan Lob del libro “German Jazz Guitars – The Archtop Guitar In Post-War Central Europe” (publicado por Unicorn), la fabricación de instrumentos de cuerda en lo que hoy es Alemania se remonta al siglo XVII. Un grupo de constructores expulsados de Schönbach (en la región germanófona de Bohemia) se estableció en Markneukirchen, Sajonia, fundando un gremio de violines y laúdes. Para mediados del siglo XIX, ya producían guitarras, y la zona se convirtió en un próspero centro exportador, hasta el punto de que en 1893 Estados Unidos abrió un consulado allí por su riqueza generada por los instrumentos musicales.
Brown, que inicialmente creía en el origen estadounidense del archtop, ahora duda:
“Cuando escribí este libro, pensaba que las guitarras archtop fueron inventadas en América, pero ya no estoy tan seguro. Han aparecido al menos dos guitarras alemanas de ese tipo datadas en el cambio de siglo, y otra aún anterior de Mirecourt en Francia. Hoy en día me resistiría a afirmar que Gibson las inventó”.
Los pioneros y la era de posguerra
Uno de los primeros en detectar la popularidad creciente de los archtops en bandas de baile y jazz fue Otto Windisch, cuya marca Otwin comenzó a producirlos en la década de 1930. Otros fabricantes alemanes le siguieron rápidamente, ofreciendo alternativas accesibles a los costosos modelos estadounidenses.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la escasez de materiales obligó a los luthiers a improvisar. Se utilizó madera de piano de caoba antigua y se introdujeron técnicas mecanizadas. Wenzel Rossmeisl, creador de las Roger Guitars, fue pionero en el uso de contrachapado grueso y en el tallado mecanizado de tapas de abeto, refinando a mano las curvas. Su característico “German carve” —un borde pronunciado en la recurve— se popularizó y llegó incluso a influir en marcas estadounidenses: su hijo Roger trabajó en Rickenbacker y Fender tras emigrar a EE.UU.
En la Alemania Oriental, el Estado expropió la fábrica de Rossmeisl para crear Musima. Mientras, marcas como Höfner (vendida en Reino Unido por Selmer desde los años 30) dominaron el mercado europeo accesible hasta los años 60, cuando la invasión de las guitarras americanas (Fender, Gibson) impulsada por las estrellas del rock cambió las preferencias.
Características y legado actual
Las guitarras alemanas de la época suelen tener mástiles estrechos y radiados, patrones de bracing paralelos o ligeramente abiertos cerca de las efes, y un sonido cálido ideal para jazz, aunque menos versátiles para estilos modernos como el shred. Muchos constructores no marcaban sus instrumentos, lo que complica su atribución; a menudo llevaban sellos de reparadores o mayoristas como Migma, Hopf o Taco.
Höfner fue la última gran marca superviviente, pero cerró recientemente sus operaciones históricas. Afortunadamente, GEWA Music y Thomann han adquirido la marca, lo que podría abrir un nuevo capítulo en la construcción de guitarras alemanas.
El libro de Brown y Lob, profusamente ilustrado, rescata esta tradición postbélica en Europa Central y rinde homenaje a constructores como Heinz Seifert y otros luthiers de la región. Es una lectura esencial para coleccionistas y amantes de la historia de la guitarra.



