En mi reciente regreso a inmiscuirme en asuntos musicales (y con suerte permanecer ahí por siempre), me he encontrado con una batalla bastante salvaje que se anda dando por las altas esferas de la industria: una lucha entre discográficas y algunos artistas con recursos ilimitados contra la inteligencia artificial y las ventajas que ofrece y representa, aunque en esta pelea artistas y compañías no las ven como tal, sino como una afrenta personal y en contra de su modus vivendi.
Como lo mencioné al principio, sólo la gente (y compañías) con recursos ilimitados son quienes dan la batalla, porque no hay otra forma de enfrentarse a las “big-tech”. Para los músicos y artistas de a pie no hay otra opción que ir con la corriente, o nadar en contra y ahogarse. Hay quienes, como artistas que son, enfrentan este reto de manera creativa, pero uno no puede pelear para siempre y además es un enfrentamiento inútil porque desde el principio la lucha estaba perdida, a continuación explicaré por qué, pero primero un poco de contexto…
El mundo de las artes siempre se ha visto amenazado por la tecnología, por ejemplo, los pintores retratistas se vieron en esta situación cuando surgieron las cámaras fotográficas que a su vez sintieron lo mismo cuando cuando emergieron las cámaras digitales.
Quizá el gremio digital es uno en donde los avances tecnológicos y su repercusión es mucho más tangible que en otros lados y esto quizá se debe a que la música es parte intrínseca de nuestra vida, no creo que exista un solo ser humano al que no le guste la música o al menos un estilo. Lo contaba en el editorial anterior: mi generación vio pasar los acetatos, el cassette, el CD, el mp3, las tiendas digitales y hasta llegar al streaming del día de hoy. Esos cambios no sólo han afectado a la industria, sino también a nuestra forma de entender y consumir música. Todo va conectado, pero en la música se siente más.
El fin del hiato
Cuando empecé con el proyecto de Scraped & Sober lo hice en una época de mi vida en la que probablemente hubiera sido mejor no hacerlo. Sin embargo, además de algo que tenía muchas ganas de probar, era también una declaración de que todo se puede y una muestra de que me costaba mucho trabajo quedarme quieto. A la larga fue una gran aventura que trajo mu…
Muchos artistas están luchando actualmente para que los modelos de IA no utilicen su imagen, voz o no sean entrenados con su catálogo musical, algunos incluso han ganado las batallas legales, pero sigo diciendo que es una guerra perdida y no es sólo por la velocidad con la que los modelos avanzan y pueden darle vuelta a las reglas, sino porque todo esto ya pasó una vez…
¿Dónde he visto esto antes?
En el ya lejano año 2000, Metallica demandó a Napster por haber filtrado una canción exclusiva (I Disappear), lo que llevó a que cientos de miles de usuarios en internet obtuvieran la canción de manera gratuita, ahora, hoy en día eso suena bastante común, en aquel momento era IMPENSABLE. Fue el primer choque frontal entre la industria musical tradicional y el internet y sí, Metallica ganó en los tribunales, pero las ventas de discos físicos empezaron a caer estrepitosamente y al final el internet ganó. La victoria fue tan brutal que hoy en día las discográficas viven del modelo del streaming, Metallica incluida.
No es que yo sepa leer el café o que la bola de cristal me lo haya anunciado así, pero lo mismo va pasar con la IA.
Tampoco digo que esté mal que los artistas se defiendan, pero no hay que ser ingenuos: la tendencia no parará, y todo indica que se hará más grande. La guerra está perdida.
¿Qué significa esto para los músicos y artistas de a pie? Realmente nada. La revolución tecnológica de este siglo permitió que para grabar un disco pudieras prescindir de un estudio físico con elementos carísimos y sustituirlo por una computadora de menos de medio kilo como la que estoy usando para escvribir esto.
Ahora, los grandes estudios siguen existiendo… Y cobran caro, así como los retratistas que pintan a mano. Si acaso lo único que ha sucedido es que el trabajo artístico en donde no intervenga una máquina sea más valorado, eso sí, no es para todos.
Mi recomendación es seguirse preparando en los menesteres musicales, porque la IA, así como la gran herramienta que es, no sirve de nada en manos de un imbécil. Tal como lo haría un martillo: puedes construir o puedes destruir y también machucarte los dedos. Un prompt de alguien con conocimiento técnico puede resultar en algo muy, MUY bueno, a diferencia de uno escrito o dictado por alguien que sólo es consumidor.
Así que no tengan miedo, los robots son amigos… Por ahora.




